11.9.17

De nuevo juntos

Se miró los dientes en el retrovisor del coche que había aparcado frente a la tienda. Disimuladamente, comprobó si su aliento estaba en condiciones. Cruzó la acera y paró unos minutos en la floristería, donde recogió un precioso ramo compuesto de violetas y jazmines, las flores preferidas de ella.

Todo tenía que ser perfecto en el reencuentro, así que repasó la lista mentalmente. Regalos, dientes limpios, aliento aceptable, traje recién salido de la tintorería, ducha reciente, desodorante y perfume caro, peluquería, su mejor sonrisa y sus ojos brillantes, radiando de expectación.

El corazón le iba a mil, recordando sus últimas horas juntos, sus labios recorriendo todo su cuerpo, su mirada suplicante antes de tomarla... Aceleró el paso y se dirigió a las afueras de la ciudad, al lugar que mentalmente, reconociendo la cursilería, él llamaba "su nidito de amor".

Ante la puerta de entrada, decidió descalzarse y subir las escaleras hasta la habitación haciendo el menor ruido posible. Abrió la puerta con un gesto de lo más teatralmente cómico.

–¡Hola, cariño! ¡Adivina quién ha vuelto!

Semidesnuda, con sus muñecas atadas con bridas a la cama y mechones de su pelo pegados con coágulos de sangre a sus mofletes hinchados, volvió a orinarse encima.

Este relato participa en la iniciativa Divagacionistas.

12.8.17

12-A (Esta mañana me he levantado...)

Perseidas he visto más bien pocas esta vez (por no decir que solo una), pero lo mismo da. Ya hace tiempo que tengo cumplidos muchos sueños. Toca seguir trabajando para pulirlos y alcanzar otros.


Y que no haya muchas perseidas no quita que no se pueda disfrutar de otros elementos nocturnos tremendamente bellos.

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